Cerrando la semana (IV)

Qué hartito estoy de según qué comentarios. Hace unas semanas subía en el ascensor, tras llegar del trabajo, con un vecino. Él iba mirando cómo la pantalla azul marcaba los pisos, planta tras planta. Yo le estaba echando un vistazo rápido al timeline de Twitter, que se había cargado mientras esperaba en el rellano. Él suspiró reprobadoramente, y me dijo entonces algo así como “los jóvenes y vuestras pantallitas, cómo os gusta aislaros del mundo”. Por no entrar al trapo, forcé una risa que me quedó un poco falsa, y dije simplemente, “bueno, cada generación se aísla como quiere, a la mía le han tocado los teléfonos”.

Muchos de mis amigos se han ido fuera durante los últimos años, primero para terminar sus estudios, y después para trabajar. Si hubiese pasado mi veintena hace veinte años, en vez de a través de mensajería instantánea, tendría que saber de sus vidas llamándoles por teléfono a sus casas, manteniendo una libreta en papel con los números para que no se me olvidase ninguno, y perdiendo el contacto sin remedio con aquellos a los que me diese más vergüenza –o más pereza- telefonear. Por no contar con el precio de las llamadas, los horarios nocturnos, las fronteras, o tener la suerte de que los horarios de trabajo coincidan para poder mantener una conversación fluida sin prisas.

Si en vez de hace veinte años hubiese sido hace cuarenta, tendría que haber mantenido el contacto por carta. Una o dos al mes, y esperando que ninguna se perdiese en el camino. Teniendo que escoger cuidadosamente qué es lo que merece la pena garabatear en el papel, y desde luego olvidándome de mandar alguna fotografía, pues no solo el revelado es caro, sino que las cámaras fotográficas son un bien que te puedes permitir cuando el resto de tus necesidades ya están cubiertas.

Sin embargo, allí estaba yo, en el ascensor, sabiendo de la vida de mis amigos. A algunos los conocía antes en persona que por Internet, y a otros los conocí en persona gracias a Internet. El resto son desconocidos de cuyas vidas puedo saber por lo que comparten en las redes sociales, descubriendo en el camino nueva música, nuevos platos, nuevos lugares del mundo, y conociendo, un poco, cómo es el día a día –la cotidianidad- de otros rincones del planeta. Si estoy una noche en un bar y suena una canción que me recuerda a alguien, puedo mandarle una nota de audio para que escuche mi voz. Si voy a comer algo que sé que le daría envidia a un amigo, le mando una fotografía. Por picar un poco. Si le quiero desear los buenos días a alguien importante, no hace falta esperar a que llegue la postal.

Soy firme defensor de los smartphones y de la sociedad hiperconectada en la que vivimos, y creo que en aquel ascensor, el que estaba aislado era el que lo único que tenía para mirar eran los números de los pisos. Por supuesto, todo tiene sus puntos negativos, pero en este caso creo que gana apabullantemente la balanza la cantidad de cosas positivas que nos han aportado estas pantallitas. Quién sabe, a lo mejor la próxima vez que alguien me haga un comentario del estilo, le suelto a viva voz toda esta perorata que he dejado aquí escrita.

Sin más dilación, estos son los enlaces que he leído esta semana y me han parecido dignos de interés.

  • [Texto] Detrás de BQ, el juego de las mentiras y verdades: llevo siguiendo el rastro de BQ desde que me compré el Aquaris 5, un teléfono chino de rebranding que cumplía dos bes y media (bueno, barato, y más o menos bonito). Tuvo un problema de fabricación con la pantalla. Desde escribir el email a soporte hasta tener el teléfono de vuelta en casa reparado pasaron menos de cinco días. Desde entonces, además de recomendarlo a mis amigos (cinco de ellos han terminado comprando un BQ), repetí la experiencia con un Aquaris M5 con el que estoy más que satisfecho. Si mañana me tuviese que comprar un teléfono, volvería a ser un BQ. No me sorprende pues, sabiendo cómo está el sector y cómo ha crecido la empresa en los últimos años, leer que el departamento de software es deficitario, la rotación alta, y que hasta la señora de la limpieza se ha tenido que poner a flashear teléfonos llegados de china antes de poder llevarlos a las estanterías. No me suele gusta, por norma general, El Androide Libre, pero este me ha parecido un muy buen artículo. ¿Puede ser BQ realmente el Ikaro español? El paso de los meses lo dirá, pero yo creo que todavía les espera un buen futuro en este país y en Europa.
  • [Texto] ¿Utilizar un PC de hace cinco años es triste?: Phil Schiller dijo, durante la keynote del pasado lunes, que es triste que haya más de 600 millones de personas en el mundo que usan un PC de hace más de cinco años. Me quedo como resumen de este artículo de Uriondo directamente con el último párrafo. (…) Es de un elitismo insoportable que un vendedor de joyas lamente la bisutería que llevan los pobres.
  • [Texto] Micro:bit, el micro-ordenador programable que reciben todos los niños ingleses: mientras que en España, con doce años, tienes suerte si lo que te enseñan en tu colegio público es a justificar el texto en Microsoft Word 2017 –dejamos lo de hacer webs estáticas a base de tablas hasta el bachillerato-, los niños y niñas de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte están recibiendo una pequeña placa para aprender a programar en Python. Años de ventaja, que se suele decir.
  • [Texto] El derecho a la privacidad en mi lista de derechos: una visión un poco más global de a lo que hemos estado acostumbrados hasta ahora sobre el caso de Apple contra el FBI. Empezando desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hasta terminar poniendo este caso concreto en perspectiva con la realidad del análisis forense de teléfonos en EEUU, el Maligno hace un repaso que merece la pena leer sobre dónde él cree que están los límites de la privacidad, y del márketing que se ha montado alrededor del iPhone de San Bernardino.
  • [Texto] “Love thy enemy” – How I instantly found energy glitches in Spotify by comparing it against Apple Music using Eprof DiffView: La memoria de instrucciones de la GPU en Android la carga el diablo. Si una aplicación como Spotify gasta una carga completa de batería en la mitad de tiempo que su competidor directo, Apple Music, todos podríamos pensar que el problema está en algún servicio en segundo plano, que se quede corriendo más tiempo del que debería. Resulta que no. Ambas aplicaciones tienen un medidor del progreso de la canción. Mientras que Apple Music refresca este medidor una vez por segundo, Spotify lo actualizaba unas veintiuna veces –menos de un pixel de diferencia por segundo, teniendo en cuenta la densidad de pantalla estándar actual-, forzando el cálculo y el redibujado del Path mucho más de lo necesario. Reduciendo la frecuencia de ese refresco, se consiguió aumentar la vida de la batería desde las 5.3 horas a las casi 11. Algo a tener muy en cuenta.
  • [Texto] Reflection Machines: No soy fan de usar reflexión, al contrario del autor del artículo, que le echa la culpa de su mala fama a que la gente no sabe usarla bien. Sin embargo, si la tienes que utilizar, al menos hazlo con cabeza. Este post da unos quick tips al respecto, como evitar ciertas operaciones en bucles, valerte de la genericidad para hacer trabajo de antemano, o reutilizar expresiones regulares ya compiladas.
  • [Texto] Microsoft’s ‘teen girl’ AI turns into a Hitler-loving sex robot within 24 hours: otro experimento con inteligencia artificial que sale a pedir de boca. No sé si calificarlo de perturbador o de extremadamente divertido, pero esta AI ha reaccionado a su interacción con Twitter como lo están haciendo la mayoría de adolescentes. Al menos esta tiene la honestidad de decirlo en voz alta.
  • [Video] This hot robot says she wants to destroy humans: Este enlace no iba a entrar en la lista, pero como complemento al anterior le viene que ni pintado. En el futuro no podremos decir eso de no lo vimos venir.

Todos los enlaces de esta entrada están disponibles a fecha 26 de marzo de 2016, 00:04 hora española.

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