Cerrando la semana (III)

Si hace un año me dicen cómo iba a ser mi vida trescientos sesenta y cinco días después, no me lo habría creído. Me pasé casi la totalidad de marzo de 2015 encerrado en casa, incapaz muchas tardes de bajar el termómetro de los treinta y nueve grados, con una otitis terrible y viendo capítulo tras capítulo de Scrubs, sin ir a clase, languideciendo.

Esta semana me he acordado mucho de aquellos días. Sobre todo cada vez que me frustro en alguna tarea -dando vueltas a código, al log del kernel, a un nuevo post, a los colores de un diálogo o al enlazado de librerías en Mono-. En el último año el cambio a mejor ha sido tan progresivo, tan poco a poco, que se ha sentido completamente natural, aunque la diferencia sea grande. Haciendo balance, trabajo mejor y sé mucho más que lo que sabía el Sergio de hace un año. Pero sigo teniendo la sensación en el cuerpo de que no es verdad, de que sigo siendo el mismo torpe. Ayer, cuando comentaba esto con mi pochola (hola si lees esto), me dijo que tiendo a infravalorarme. Otra persona me dijo, una vez que me disculpé por algo que no había hecho bien del todo, que no me estaba echando la bronca. Yo contesté que lo sabía, pero que lo sentía igualmente. Que yo era muy sentido. La respuesta fue que ser sentido está bien. Que si algo duele, se trabajará para que no vuelva a suceder.

Así que, en definitiva, supongo que no tiendo a infravalorarme. Que lo que me pasa es que soy muy sentido.

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Una semana Bluetooth

Tengo que confesar que el artículo de hoy estaba preparado -e incluso programado- desde comienzos de semana. Entonces me dio un impulso consumista y compré un montón de cosas en Amazon. Y, mientras las probaba, pensé “vaya, esto es estupendo para escribir en cualquier parte. Ya no dependo del portátil para comenzar a preparar un post”. Más tarde mi mente empezó a sobrevolar el carácter un poco más personal que le vengo dando a estas páginas desde hace un par de semanas, y se me pasó por la cabeza que, a lo mejor, no termina de ser una mala idea sustituir el largo post que tenía escrito para hoy por algo un poco más ligero y consumista (aunque si le echáis un vistazo a mis gists de GitHub, algo encontraréis).

Soy el tipo de personas a la que les gusta recomendar lo que usan. Si he descubierto algo que me parece bueno, lo defiendo gratis. Y esta semana la verdad es que he tenido suerte con todos los productos  en lo que he confiado unos  euros.

Qué gran invento el Bluetooth, ¿verdad? Hasta que no tuve el Moto 360, en mi teléfono no había encendido el Bluetooth más que para pasar alguna fotografía cuando la calidad de internet no era suficiente como para hacerlo por WhatsApp, y ahora me encuentro a mí mismo deseando que todo lo que pueda llevar la B azul, lo lleve. Cierto es que antes, cuando las tecnologías inalámbricas se comía la batería de cualquier aparato, lo tenía estigmatizado. ¡Mis primeros teléfonos tenían puerto de infrarrojos para pasar fotografías y audios! Pero desde que estoy obligado a llevar el BT encendido todo el día, me parece el invento del siglo. Que sí, que llego tarde a la fiesta, y que vosotros seguramente lo llevéis utilizando años en vuestro día a día. Pero estas con las comodidades que me he agenciado para aprovechar un poco más el mundo sin cables.

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Cerrando la semana (II)

No me gustan las asignaturas en la que tu calificación no es una medida objetiva de tu rendimiento, sino una relativa respecto al rendimiento de tus compañeros. No es una manera justa de juzgar tu progreso. Quizá es que nunca me ha gustado medirme con una vara que no sea la mía propia. Estaré pecando de naive, y seguramente pensaréis que lo que debo hacer es empezar a acostumbrarme a ello. A que el mundo es realmente así, y que, si quiero sobrevivir, tendrá que ser mirando de vez en cuando a los que están a cada lado, para ver cómo de levantada tienen la frente y la nariz, y si estoy no sólo a la altura, sino por encima.

Digo esto desde la frustración que me causa haber recompilado el kernel Linux Blurry Fish Butt más veces de las que pueda recordar, añadiendo y quitando módulos, y leyendo documentación, que me lleva a más documentación, que termina, en, oh, sorpresa, más documentación. Jugando al equilibrio entre los kernel panics y mantener la conectividad de red, intentando dejar el núcleo en su mínima expresión sin que sea una gran pila ardiente de cuelgues.

Si vuelvo a leer un “If in doubt, select YES”, me da algo.

Este sistema de puntuaciones, en mi opinión -y experiencia-, favorece dos comportamientos que no me parecen sanos:

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